En Ronda

Wade Bell

Traduzido por: Patricia B. McGrory

Texto original: "In Ronda "


Obra de arte Josée Dubeau @ www.joseedubeau.com

En Ronda, la zapatería no tenía las botas de cuero suave y de color amarillo en un número suficientemente grande pero, después de verlas en el escaparate, se moría por ellas, así que las compró un número demasiado chico, el más grande que había, y caminó dolorosamente en ellas, por las abrasadoras calles de la ciudad, anhelando que se estiraran. Eran buenas botas, aunque no las usó a menudo ya que nunca le calzaron cómodamente. Una docena de años después, se las vendió a un amigo en otro país.

         Cuando las compró, estaba en Ronda con una mujer de Madrid. Estaban alojados en el Hotel Reina Victoria con vista al desfiladero. En el piso de arriba se encontraba la habitación de Rilke, un pequeño museo, una especie de lugar sagrado, mantenido de la misma manera que cuando Rilke vivió allí por un tiempo. En esa habitación se elaboraron algunas de las Elegías de Duino. El hombre y la mujer de Madrid estaban seguros de que el fantasma del poeta pasaba tiempo allí mirando hacia el desfiladero y las tranquillas tierras de labranza, donde criaban los toros de lidia.

         En la habitación de Rilke, la mujer le tomó una fotografía mientras estaba acostado desnudo sobre la cama, con sus piernas estiradas sobresaliendo el pie de la cama, con sus botas puestas, suaves y amarillas. La mujer también lo fotografió en la antigua plaza de toros, la más antigua de España. Pequeña y pintoresca, estaba vacía ese día. Para esa foto, él lució el sombrero de tres picos del guardián de la plaza de toros.

         Fue una época interesante porque el hombre pensaba que la mujer estaba dejando de quererlo y él pensaba que estaba dejando de quererla, aunque no quería que ella lo dejara y se volviera a Madrid. Él disfrutaba de su conocimiento del lugar y de la historia. Le gustaba su imaginación y le gustaban sus encuentros sexuales, aunque en el último tiempo había indicios de deseos de causar dolor, y a menudo por las mañanas comían panecillos y bebían café con leche en un silencio nada agradable.

         Una tarde, cuando el calor le era abrumador y estaba de muy mal humor, ella lo dejó solo, en la cama, transpirando en ropa interior. Algunas horas después, cuando pensaba que ella ya no volvería, regresó con otro par de botas. Eran negras, estaban raspadas y muy viejas, pero todavía en buen estado. Habían pertenecido a un hombre que había fallecido hacía apenas una semana, dijo ella. Ella dijo que Rilke podría haber usado ese tipo de botas.   

         Ella le pidió que se sacara la ropa interior y se pusiera las botas. Tomó la cámara. Enfocando la Nikon, le dijo que el fantasma de Rilke habría aprobado lo que estaba haciendo, como también lo habría hecho el fallecido, que la siguió hasta el hotel para ver los pies que calzarían sus hermosas botas negras. Ella dijo que, en ese mismo momento, estaban probablemente sentados a la pequeña mesa junto a la ventana, observando y recordando la buena vida que habían tenido.

Wade Bell
Wade Bell is the author of two volumes of short stories, the most recent being A Destroyer of Compasses. His stories have appeared in magazines and literary anthologies in Canada, Japan, Spain and the U.S. He lives in Calgary. This story was originally published in A Destroyer of Compasses by Guernica in 2003 and has been reprinted with the permission of the author and publisher.

Patricia B. McGrory

Patricia B. McGrory es traductora certificada en la combinación Inglés-Español con un interés particular en la traducción literaria. Es apasionada por las artes, le gusta viajar, hacer caminatas en las montañas, y pasar buenos momentos con su familia y amigos. Cursa actualmente estudios de literatura inglesa y de francés en la Universidad de Calgary. Nacida en Buenos Aires, Argentina, considera Calgary como su hogar desde 1991.